martes, 30 de marzo de 2010

CAPÍTULO 4 - Descubrimientos, dudas y muertes (FIN PARTE 1)

Aquí, al fin, dejo el cuarto capítulo con el que concluye la primera parte. ¡¡Espero que os guste!!


CAPÍTULO 4 – Descubrimientos, dudas y muertes


David y Ana estaban impacientes. La tensión aumentaba según el cronómetro marcaba menos tiempo.
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David cogió la caja de metal y se sentó en la cama, al lado de Ana. Posó la caja en sus muslos.
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La cuenta atrás había terminado. David y Ana miraron la caja esperando que algo ocurriera. Tan sólo se levantó la tapa de la caja, dejándola abierta. David examinó su interior. Le pareció muy extraño. Estaba vacía. ¿Tanto secreto para que su interior estuviese vacío? David introdujo la mano y rebuscó el interior esperando que su vista le estuviese engañando. Tenía que haber algo. La yema de sus dedos sintió algo frío. Era pequeño. Lo cogió, con dificultad, se le escurría. No consiguió averiguar que era hasta que no lo tuvo en frente y pudo observarlo bien. Se trataba de una llave. Una llave dorada y con una forma extraña.
-Una llave… ¿qué abrirá?
-No lo sé. Pero debe ser algo importante si papá lo guardo con tanto empeño.
El teléfono móvil de David comenzó a sonar. David lo sacó del bolsillo del pantalón y contestó la llamada. Era Lidia.
-David, necesito que vengas a mi casa ahora.- dijo Lidia. Se la notaba preocupada.
-¿Ocurre algo?
-Tengo que enseñarte algo.
-Yo también a ti…- terminó diciendo David al mismo tiempo que observaba la llave. Intentaba averiguar a dónde pertenecía.


Lidia estaba sentada en el salón escuchando el tic-tac del reloj cuando sonó el timbre. Se levantó deprisa, como si supiera el momento exacto en el que sonaría. Abrió la puerta. David estaba frente a ella.
-Pasa.
David entró. Fue al salón, seguido de Lidia.
-¿Qué era eso que me tenías que enseñar?
Lidia no contestó. No sabía cómo expresarse. Para evitar utilizar las palabras erróneas se incorporó y cogió la carta que había dejado encima de la mesita de café.
-¿Qué es esto?-dijo David cuando Lidia se la ofreció.
-Míralo por ti mismo.
David cogió la carta. Desdobló el papel que había dentro y lo leyó.
-Lo dejaron en el felpudo. Lo encontró cuando llegué de la universidad.
-¿Quién te ha enviado esto?
-No lo sé. Pero es como una adivinanza, ¿no crees?
David no escuchó esta última frase. Reflexionaba sobre quién había podido ser. También estaba atando cabos. La carta, la llave…
-No le des importancia. Ha podido ser un niño que leyó la esquela de tu padre en el periódico y ha querido gastar una broma pesada.
-No creo que haya sido un niño.
-¿Por qué?
-Antes encontré esto en la habitación de mi padre.- dijo mostrándole la llave dorada.- No creo que un niño tenga tanta imaginación.
Lidia observó la llave. De repente encontró la relación entre la llave y la carta. David ya hacía rato que también había dado con ellos, pero no lo comentó en alto porque creía que era algo evidente de averiguar.
-La encontré en un doble fondo del armario de mi padre.- decía David mientras Lidia terminaba de ordenar sus últimas reflexiones.
-Puede hacer referencia a: “debéis encontrar la llave que abre la puerta del misterio”. Pensé que era una metáfora.
Lidia se detuvo. Esperando algún comentario de David. En realidad esperaba sus felicitaciones por haber llegado a tal conclusión. Sin embargo, David se mantuvo callado.
-Esto en muy extraño. ¿Alguien está jugando con nosotros o qué?
-Si es así, no lo sabemos.
-¿Alguna idea?
-La verdad es que sí. Iremos a ver a Raquel. Vamos a pedirle un pequeño favor.


Raquel estaba sentada en frente de su portátil. Estaba en su hora de descanso, que aprovechó para conectarse a internet y abrir el chat que solía utilizar para charlar en sus ratos libres. Al poco tiempo de conectarse, también se conectó ALEX_2000. Abrió una conversación privada.
ALEX_2000: Hola amor. ¿Qué te parece si quedamos hoy para conocernos?
RAQUEL: :-S
Alex iba demasiado deprisa. Llevaban sólo dos semanas chateando, y a pesar de gustarle su compañía, no se sentía preparada. Por otro lado, no quería dejar escapar la ocasión de conocer al posible príncipe azul. Quizás si le rechazaba este huía.
RAQUEL: Bien, pero elijo yo el lugar.
ALEX: Como quieras. Yo me conformo con conocerte en persona.
RAQUEL: En una hora en la cafetería Radión. ¿Sabes cuál es?
ALEX: Sí.
En ese instante llamaron a la puerta. Raquel cerró el portátil acabando la conversación cuando oyó la puerta abrirse. Se giró y descubrió a dos viejos amigos que hacía bastante que no veía. David y Lidia entraron.
-¿Cómo vosotros por aquí?- preguntó Raquel. Estaba un poco extrañada de encontrarles ahí, en la comisaría. No le había comentado a nadie su nuevo trabajo. Seguro que se han enterado por Facebook, pensó para darle lógica.
-Hemos venido a pedirte un favor.
-Antes de nada.- le interrumpió Raquel al acordarse- siento mucho lo de tu padre. No he podido hablar contigo después del funeral.
-Gracias.- dijo David con la esperanza de cambiar de tema.
-¿Y cuál es ese favor?
-Queremos que nos ayudes.
Raquel se dirigió a la mesa de pruebas. David y Lidia se adentraron en la sala, asombrándose de todo el material que había en la sala.
-Me dejaron este sobre en el felpudo.- explicó Lidia al mismo tiempo que sacaba el sobre del bolso para enseñárselo a Raquel.- Creemos que puede estar relacionado con la muerte de Juan.
-Esperad un momento. ¿Relacionado con la muerte de tu padre?- dijo Raquel que estaba alucinando.
-Creemos que fue un asesinato.- explico David.
-Eso es imposible. La autopsia fue clara…- Lidia se veía a sí misma en Raquel. Ella había tenido la misma conversación con David, y por eso sabía que tampoco Raquel conseguiría cambiar su opinión.
-Ya sé lo que dice la autopsia. Si quieres ayudarme te lo agradeceré, sino buscaré ayuda en otro lado.- David estaba harto de que le cuestionaran su opinión, y no estaba de humor para volver a explicar los motivos de su deducción.
Raquel pensó. Estaba entre la espada y la pared. Por un lado quería ayudarle pero por otro pensaba que era una completa locura adentrarse en algo así.
-Tengo una pregunta…-dijo Raquel temiéndose la peor contestación por parte de David.
-Por favor no hagas preguntas. Esto ya es muy difícil para mí.
Raquel ya había tomado una decisión.
-Está bien. Contadme.
Ambos, David y Lidia, se alegraron de que aceptara. Les sería de gran ayuda en su investigación.
-¿Podrías buscar alguna pista que nos ayudara a averiguar quien envió esto?
-Sí, claro.- dijo al mismo tiempo que cogía el sobre y lo inspeccionaba buscando algún rastro posible.
-Hay algo más todavía…
Raquel y Lidia le miraron. Lidia le miro expectante, sin saber de qué se trataba con certeza, aunque lo podía intuir.
-Buqué entre las cosas de mi padre- le explicó David a Raquel- y encontré está llave. ¿Sabes de qué puede ser?-
Sacó la llave del bolsillo y se la dejó a Raquel. Le resultaba familiar, pero con aquella extraña forma le costaba recordar de que. Al fin se acordó.
-Creo que sí…-dijo dudosa esperando confirmar su sospecha.
Raquel rebuscó en el escritorio. Abrió cajones, revolvió papeles… dejando asombrados a David y Lidia, que no sabían lo que buscaba con tanto ímpetu. Sacó de uno de los cajones un taco de folios impresos por ordenador y unidos por una grapa.
Raquel comenzó a pasar las hojas, observando su contenido a tal velocidad que parecía imposible que le hubiese dado tiempo a ojearla entera. Después de haber pasado la mayoría y parecía no haber tenido suerte, se detuvo en una. David y Lidia estaban estupefactos, seguían observando sin saber qué tramaba Raquel.
-El otro día nos enviaron este listado de llaves de bancos de seguridad, porque ronda un ladrón…- comenzó a explicar Raquel cuando se dio cuenta de la cara de ambos. Pero se detuvo al recordad una de las reglas que le había mencionado Mónica sobre el trabajo: “no podía hablar de los casos llevados a cabo por la comisaría”.
Le dio el taco de folios a David, quien observo la imagen que le señalaba Raquel con el dedo. Era una réplica exacta de la que había encontrado.
-Es esta.
-Os avisaré si consigo averiguar algo.- dijo Raquel al darse cuenta de la hora que era.


Cuando Raquel se quedó sola en la sala criminalística, lo primero que hizo fue sentarse en frente del ordenador y conectarse a internet para comprobar si Alex seguía conectado, pero lamentablemente por ella, no lo estaba.
Se levantó y, un poco decepcionada porque quería hablar con él un rato más durante su descanso, se acercó a la mesa de pruebas. Se consolaba pensando que en media hora le vería en persona.
En la mesa de pruebas observó el sobre, no sin antes haberse puesto unos guantes de látex. No parecía haber nada de provecho en él, pero tenía que asegurarse.
Cogió una probeta en la que había un líquido azul. Con un cuentagotas cogió un poco de auqel líquido. Lo hechó en otra probeta donde había un líquido de color verde. Se concentró ya que solo tenía que dejar caer tres gotas. Removió la probeta para que ambos líquidos se mezclaran. Pasó de un color verde a un color morado en apenas tres segundos. Con otro cuentagotas absorbió un poco de esta nueva mezcla. Vertió unas gotas en la solapa del sobre. Si esta se volvía de color amarillo significaba que habían utilizado saliva para cerrarlo y tendría una prueba contundente. Si no cambiaba de color no tendría nada. El proceso no era difícil, pero tardaba unos segundos en hacer efecto.
Raquel esperaba impaciente el resultado. Era la primera prueba científica que realizaba después de la universidad.
El sobre cambió de color…
-Ya te tengo.- dijo Raquel con una sonrisa pícara en los labios.


Ahora que ya tenía el ADN de la persona que había dejado el sobre en el felpudo de Lidia no podía hacer nada sin tener una muestra más con la que compararla.
Acababa de recordad la muestra que tenía del hombre de la sala forense. No tenía motivos para realizar tal prueba, pero al menos le ayudaría a mejorar con el programa informático del cual no tenía ni idea de cómo utilizarlo.
Abrió el programa y en la pantalla aparecieron dos pequeños recuadros. En la barra lateral aparecían dos nombres: el primero desconocido, y el segundo, Juan García. Arrastró ambas a cada recuadro. Pensó en cuál sería el siguiente paso. Cliqueó en el botón “Comparar”. Un recuadro pequeño apareció en el centro de la pantalla, indicaba el porcentaje del proceso.
Raquel miró el reloj. Marcaba la una del mediodía. Tenía que irse a la cita con Alex. Se le había pasado el tiempo volando.


Raquel salió de la comisaría. Anduvo por la acera. Estaba nerviosa. Tenía buenas impresiones de Alex, pero prefería no fiarse ni acerca muchas ilusiones por si acaso no resultaba ser como ella pensaba. Llegó a la cafetería Radión.
Al llegar no fue difícil encontrarle porque estaba de pie, en la terraza de la cafetería, haciéndole gestos para que se acercara. Se sentó con él un poco avergonzada.
-Hola, eres mucho más guapa en persona.- flirteó Alex.
-Gracias.
Un camarero se acercó con una bandeja y les sirvió unos refrescos.
-Me he tomado la libertad de pedirte una cola. No te importa, ¿verdad?
-Claro que no. Gracias.
-Bueno, cuéntame algo se ti.- dijo Alex mientras Raquel daba un sorbo de cola.
-¿Algo en especial?
-Cualquier cosa.
-No sé…
Raquel apartó la vista de él y miró a su alrededor buscando inspiración. Se le daba fatal descirbirse a sí misma. Pensaba que eso era algo que era mejor que lo hicieran los demás por ella.
En un callejón, no lejos de allí, una persona encapuchada entró en el callejón empujándo a una mujer que parecía asustada. Sacó una navaja del pantalón.
Raquel, sin saber cómo había acabado observando esa escena, se percató de que Alex le estaba hablando.
-¿Se te ocurre algo?
-Debo irme.- dijo cortante Raquel.
Precipitadamente Raquel se levantó. Sintió la necesidad de socorrer a la mujer. No se explicó si fue por ser una buena persona o por tener un trabajo en la comisaría que había despertado su espíritu de policía, a pesar de no serlo.


Tras correr toda la calle abajo, esquivando a todos los viandantes, se detuvo en frente del callejón. Se sorprendió al no encontrar a nadie. Se adentró, sigilosamente. Definitivamente no había nadie.
Alguien la sorprendió por detrás. La empujó hasta ponerla contra la pared. Raquel estaba atemorizada. No pudo reconocer a su atacante por el pasamontañas que llevaba puesto, pero si pudo oler el pestazo a alcohol y a humo que traía consigo. Aún así, puso adivinar que se trataba de un hombre.
-¿Quién eres? Soy policía.-mintió Raquel. Su voz temblaba, lo cual dejaba al descubierto su miedo.
-Alguien que quiere ayudarte.- dijo su asaltante. Estaba usando un distorsionador de voz.
-Ayudarme en qué.- pregunto curiosa Raquel.


Alex había seguido con la mirada a Raquel para averiguar por qué Raquel se marchó tan precipitadamente. Había visto como ella se adentraba en el callejón y era sorprendida. Salió corriendo en su ayuda, tal y como había hecho ella minutos antes.


Al llegar al callejón no podía distinguir nada por curiosidad. Se adentró y, lentamente, distinguió una figura en el suelo. Se quedo petrificado. Era Raquel. Un charco de sangre la rodeaba. Alex se tiró al suelo. La examinó el tórax intentando encontrar el origen de la hemorragia, pero no tuvo éxito. La coge la mano y la miró con ternura. Sus ojos estaban a punto de derramar las primeras lágrimas en mucho tiempo.
-Raquel, ¿qué ha pasado?
-M…M…Me han acuchillado.- dijo Raquel con gran dificultad. Estaba muy débil y se quedaba pálida por segundos. Tenía la mirada perdida.
Alex sacó el móvil del bolsillo. Marcó un número de tres cifras: el 112.
-¡Por favor, necesito una ambulancia! ¡Estoy en el callejón que hay cerca de la cafetería Radión!-colgó.
Volvió a estrechar con fuerza la mano de Raquel, como si fuera un método para traspasarla sus fuerzas. Pero no funcionaba, Raquel se moría.
-No te mueras, todavía no… Dime quién te ha hecho esto.
Raquel intentó articular palabra con la intención de desvelar la identidad de su asesino, pero la debilidad pudo con ella. Alex sintió como la mano de Raquel perdía fuerza al mismo tiempo que su cabeza caía hacía un lado. Alex no pudo contener más sus terribles ganas de llorar.
Las sirenas sonaban a lo lejos, acercándose. Dos sámur salieron de la ambulancia corriendo.
-Por favor, apártese. Déjenos trabajar.- dijo uno de ellos.
Alex se alejó, pero no perdió detalle de la escena. Los dos médicos comenzaron un masaje cardíaco. Alex se percató de la gran multitud de gente que se había aglomerado en la entrada del callejón, curiosos por lo ocurrido. Para cuando Alex volvió a prestar atención a los dos médicos, uno de ellos ya había parado, con la cara totalmente seria. Le tomó el pulso a Raquel. Miró a su compañero que proseguía con el masaje.
-Déjalo, está muerta.
Esa frase afectó a Alex más de lo que imaginaba. A pesar de saber que había muerto antes de llegar la ambulancia, todavía tenía la esperanza de que consiguiera sobrevivir.
-Hora de la defunción…-dijo uno de los médicos mirando su reloj- trece y veintidós.


La gran multitud seguí la escena con gran atención. Observaban como metían una camilla con un cadáver en la ambulancia. Se oía un leve murmuro. Se preguntaban unos a otros sobre lo sucedido sin obtener respuestas.


En aquel mismo instante, en la sala criminalística de la comisaría, se terminaba el proceso de comparación de ADN. Tras indicar que había llegado al 100%, el cuadro desapareció, para dejar paso a otro en el que se podía leer:
“MUESTRAS DE ADN A COMPARAR: JUAN GARCÍA Y DESCONOCIDO—
CONINCIDENCIA ENCONTRADA”.




Fin Parte 1