domingo, 31 de enero de 2010

CAPÍTULO 2 - Asesinato

Aquí llega el segundo capítulo de Cosas que Resolver. Espero que os guste, y si es así, no dudeis en difundir el blog y comentar. Gracias.


CAPÍTULO 2 - ASESINATO



David estaba frente a Ana replanteándose si debía dejarla entrar o no. Tras varios instantes pesando en los pros y los contras, decidió dejarla entrar. Al fin y al cabo no tenía otra elección. Esa también era su casa.
David se apartó, lo que Ana interpretó como una señal de confirmación a su pedida. Cogió las maletas que hacía unos minutos había dejado en el suelo junto a ella, y entró. A continuación David cerró la puerta.


Raquel Romano se encontraba en el salón de su casa el jueves por la noche. Estaba sentada en el sofá, con su ordenador portátil en su regazo. Mantenía una conversación privada en un chat de Internet con un tal Alex_ 2000.
RAQUEL: Entonces, ¿Tienes ganas de verme?
ALEX_2000: Estoy deseándolo. ¿Cuándo te
viene bien?
Raquel se rió.
RAQUEL: ¿No crees que vas un poco deprisa?
ALEX_2000: No.
Sonó el teléfono interrumpiendo la conversación.
RAQUEL: Vengo en un segundo. Me llaman por
teléfono.
ALEX_2000: Vale.
Raquel cogió su portátil y lo dejó en la mesita de café donde tenía apoyados los pies. Se estiró todo lo que pudo, apoyando el costado en el sofá para intentar alcanzar el teléfono inalámbrico. Cuando consiguió tenerlo en la mano, contestó la llamada.
-¿Sí…?
-¿Hablo con Raquel Romano?- dijo una voz de mujer al otro lado del teléfono.
-Sí, soy yo. ¿Quién llama?- Raquel se asustó un poco. No era muy habitual que alguien desconocido la llamara a las diez de la noche y además supiera su nombre.
-La llamo de la comisaría del centro.- informó la mujer.
Raquel se tranquilizó. No era un psicópata. Pero…
-¿La comisaría? No me lo diga. Han vuelto a detener a mi padre por escándalo público. Mira que le dije que por mucho que la calle fuera de todos no podía desnudarse y perturbar a las señoras mayores.
-Eh… No la llamo por eso.- dijo la mujer desconcertada.- La llamo por trabajo.
-¿Trabajo?
-Sí. Pásese mañana por la comisaría y pregunte por Mónica. Ella le informará de todo.
-Gracias.
Raquel colgó el teléfono y lo dejó donde estaba. Feliz, volvió a colocarse el portátil en el regazo y continuó con la conversación del chat con Alex_2000.


Ana entró en el salón siguiendo a David.
-Todo sigue igual que cuando me fui.-dijo Ana mirando a todos los lados.
David se paró en seco. Ana también lo hizo.
-Aunque para ti no ha pasado demasiado, ¿no?- David parecía resentido.
-David, no saques el tema.- dijo Ana al mismo tiempo que soltaba las maletas.-Acabo de llegar de viaje y estoy muy cansada. Lo único que me apetece es tumbarme en la cama y dormir tranquilamente toda la noche.
-¿También estabas cansada esta mañana para venir al funeral de papá?
-Lo siento.- Ana parecía convincente, pero David sabía que lo siguiente sería una excusa.- Estaba viniendo a España. He venido lo más rápido que he podido. Cogí el primer vuelo en cuanto me enteré de la muerte de papá. Y, ¿sabes qué era lo que más quería en ese momento?
-Sorpréndeme.
-Estar contigo…-Ana estaba a punto de emocionarse.- Y poder apoyarnos. Y ya lo sé,- dijo al ver la cara de indiferencia de David- he llegado un poco tarde.
-¿Un poco tarde?- David se enfadaba por segundos.- El funeral de papá fue por la mañana y tú te presentas a la hora de dormir.-
-Sabes muy bien que no ha sido culpa mía. No tienes ningún derecho a colocarme una soga al cuello.-
Ana comenzaba también a hartarse. El comportamiento de su hermano no era el más adecuado. Le había intentado comprender su enfado. Pero si él no intentaba lo mismo con ella, no podría evitar enfadarse.
-Sabías que papá estaba enfermo. Te llamé, te envié e-mails, deje recados a tu servicio. Pero tú ni si quiera tuviste la decencia de contestarme. No me jodas Ana. ¡La familia es más importante de los negocios!
-Las cosas no son tan fáciles como tú las pintas.- Ana ya no lo podía soportar más.- Tenía que preparar muchas cosas en muy poco tiempo para poder marcharme. Lo hice lo más rápido que pude. No sé por qué no puedes comprenderlo. Mi vida está allí y no puedo dejarlo todo cuando tú me llames porque te sientes solo.
-Te fuiste nada más enterarte de que papá estaba enfermo.
-No. Era la oportunidad de mi vida.
-Y no has vuelto por la misma razón por la que te fuiste. No querías hacerte cargo de la persona que odias.
Esa fue la gota que colmo el vaso de Ana.
-¡BASTA YA! Estoy cansada de todo esto. ¿Dónde puedo dormir?
-En tu habitación. ¿Recordarás dónde está?- dijo David con sarcasmo.- Aunque no será por mucho tiempo.-
-¿Qué significa eso?- Ana no comprendió por qué dijo su hermano esa última frase.
Mientras Ana hablaba David se había dado media vuelta dispuesto a irse.
-¿No creerás que papá te haya hecho heredera mayoritaria?- David no se giró en ningún momento para ver la reacción de Ana, aunque le hubiese gustado.
-¿Por qué dices eso?- dijo Ana en tono desafiante.
David al fin se giró y miró a su hermana con toda la rabia que pudo contener en su mirada.
-¿Quién creer que heredará más: él que ha cuidado de él hasta su muerte; o la que se fue a Nueva York nada más enterarse de su enfermedad?- Ambos sabían la respuesta.
David se fue al terminar de hablar, sin esperar una respuesta de su hermana.
-No necesito nada de ti ni de papá. ¡Tengo dinero suficiente para vivir!


Ana había deseado toda la vida ser la directiva de una gran empresa multinacional., Era un sueño que veía con dificultad cumplirse. Era una buena estudiante de letras, aunque los números no se le daban mal. Pero los estudios no eran su mayor problema. Su padre tenía que hacerse cargo de dos adolescentes con un puesto de trabajo en una fábrica ganando 600 euros y como sabía que a través del dinero de su padre no lo conseguiría, se pudo a trabajar en los veranos de camarera y durante el curso de profesora particular de inglés. Consiguió acabar la carrera con matrícula de honor.
Una tarde, mientras tomaba un refresco con unas amigas en una cafetería del barrio, recibió una llamada de un tal Sr. Thompson. Notó su gran acento inglés cuando habló con él, pero no le importó porque le acababa de dar la noticia de su vida. Quería que formara parte de su equipo de ayudantes en su empresa.
Al llegar a casa estaba eufórica. Se encontró a su padre sentado en el sofá junto a su hermano David. Tenías unas caras sombrías.
-¿Qué ocurre?
-Tengo cáncer.
Era la segunda noticia más importante de su vida. No sabía cómo podía haber cambiado su vida en tan sólo unos minutos. Ella no quería desperdiciar su oportunidad laboral, pero tampoco quería dejar a su padre en un momento tan difícil. Estaba indecisa.
Tras toda la noche en vela, pensando sobre el asunto y contando con la aprobación de su padre, decidió marcharse a EEUU para trabajar. Prometió ir un fin de semana al mes para visitarles, pero el trabajo fue complicándose y comprometiéndola más y esas visitas mensuales fueron reduciéndose hasta quedar en visitas anuales en las fiestas navideñas.


A la mañana siguiente Ana se levantó temprano. No eran más de las ocho. Fue a la cocina y se preparó un café. Quería hablar con su hermano, esperando que no se convirtiera en una discusión como la de la noche anterior.
Tres cuartos de hora más tarde apareció David por la puerta.
-Bueno días.
David la ignoró. Abrió el armario y cogió una taza.
-He estado pensando sobre lo de anoche.- David se preparaba el desayuno. Continuaba ignorándola, pero ella seguía hablando.- Sé que estuvo mal no haber estado en el funeral y quiero pedirte disculpas.
David paró de echarse café en la taza y dio media vuelta.
-Lo siento.- dijo Ana.
-¿Es una casualidad que me pidas disculpas la mañana siguiente a la noche en la que mencioné el dinero de papá?
- Papá no tenía un duro. La herencia no tiene nada que ver.
-No debiste faltar ni por trabajo ni por nada.
-Estoy tratando de pedirte disculpas, pero tú no quieres escucharlas.
-¡Se murió tu padre, joder!
David se dio media vuelta y tiró el café que se acababa de preparar por el desagüe.
-Ya, pero…- Ana se detuvo al ver como su hermano salía de la cocina.- Estamos hablando, ¿a dónde vas?
-Yo ya no tengo nada más que decir.
Segundos más tarde se oyó la puerta principal abrirse y luego cerrarse, de un portazo.


La casa de Lidia era más bien pequeña, pero era acogedora y suficiente para un veinteañero. La decoración era colorida y juvenil donde no podían faltar aparatos electrónicos como el ordenador de sobremesa que estaba utilizando para terminar un trabajo de la universidad.
Sonó el timbre. Lidia paró un momento de teclear. Miró a la puerta esperando oír un segundo timbre. Al no sonar, volvió la mirada a la pantalla del ordenador pensando: “No será importante”.
Pero volvió a sonar el timbre. Lidia, concentrada en su trabajo, volvió a mirar la puerta.
-¿Quién es?- dijo desde el sitio gritando.
-Soy yo, David.- Pudo oírse al otro lado de la puerta.
Lidia se levantó del asiento y se dirigió a la puerta principal. La abrió. Allí estaba David, de pie, esperando.
-Perdona, estaba con un trabajo de la universidad. Pasa.
-Si quieres vuelvo en otro momento.- dijo David, aunque en realidad no quería esperar. Necesitaba hablar con alguien de confianza.
-No, entra.
Lidia se apartó para dejar pasar a David. Este entró hasta el salón. A penas había estado en esa casa. Lidia vivía allí desde hacía tres años, pero siempre que se reunían con amigos lo hacían en casa de David por el miedo que tenía él de dejar a su padre solo.
David tomó asiento después de ver el gesto de Lidia invitándolo a sentarse.
-Bueno, cuéntame. ¿Qué te trae por aquí?- dijo Lidia un tanto curiosa.
-A ver cómo te lo explico…- quería contarle más de un acontecimiento y no sabía por cuál sería mejor empezar.-
-¿Te encuentras bien? No tienes buena cara.- Se preocupó Lidia al ver la cara de angustia de David.
-La verdad es que no muy bien. He tenido problemas esta noche.
-Te dije que me llamarás.
-En esto no podías ayudarme.
-¿Puedes explicarte?
-Ayer, cuando te fuiste, llegó mi hermana.- Hizo una pequeña pausa al recordar la discusión.- Llegó ayer de EEUU, empezamos a discutir hasta que acabamos hablando de la herencia y nos enfadamos.
-Seguro que lo arregláis pronto.
-No creo. Dije cosas de las que hoy me arrepiento.
Lidia, ante esa última frase, no sabía cómo consolarle.
-Cambiando de tema.- dijo David para evitar el silencio que iba a producirse.- He venido para pedirte ayuda.
-¿Sobre qué?
-Quiero que me ayudes a averiguar quién mató a mi padre.
Esa acusación tan grave sorprendió a Lidia.
-Tu padre no fue asesinado. La autopsia fue clara. Tu padre murió de cáncer.
-¿Y cómo explicas la sangre?
-Una hemorragia interna. La sangre pudo salir al exterior por una pequeña herida.
-Es muy extraño.
-Lo sé. Pero tiene coherencia, y la autopsia lo confirma.
David se levantó. Necesitaba despejarse. Era verdad que tenía coherencia, pero le seguía pareciendo extraño.
-Diga lo que diga la autopsia, mi padre fue asesinado.
Se dio la vuelta para mirar a Lidia.
-Y voy a averiguar quién lo hizo. Con tu ayuda o sin ella.
Lidia no sabía qué hacer. Por un lado la autopsia había sido bastante clara en cuanto a las causas de la muerte de Juan, pero no quería dejar tirado a David cuando le había pedido ayuda.
-Está bien. Te ayudaré. ¿Qué quieres que haga?
-Gracias.- David sabía que le resultaba difícil a Lidia ayudarle en algo así, aún creyendo que tenía una prueba contundente.- Para empezar, ¿podrías preguntar a tus profesores si tuvieron algún caso similar?
-Mis profesores son periodistas, no policías. Pero vale, lo haré.
David la sonrió agradecido.

domingo, 24 de enero de 2010

CAPITULO 1 - La Hermana Perdida

Hola a todos. Aqui os dejo el primer capítulo de Cosas Que Resolver. Espero que os guste.

PARTE 1 - Anónimo

CAPÍTULO 1 – LA HERMANA PERDIDA


David se había despertado al oír toser a su padre. Se levantó y se dirigió a su habitación. Juan, su padre, estaba, como desde los últimos dos años, postrado en la cama sin apenas poder moverse.
Hacía ya tres años desde que Juan volviera del médico, se acercara a su hijo y le informara del cáncer de páncreas que le acababan de diagnosticar.
David se acercó a la cama y le secó el sudor de la frente a Juan. Juan casi no podía hablar sin que le produjeran fuertes ataques de tos.
-¿Quieres algo papá?
-Si me trajeras un vaso de agua, por favor…
David salió de la habitación para, a continuación, dirigirse a la cocina. Llenó un vaso de agua y volvió a la habitación.
Al levantar la cabeza la imagen que vio le asombró. Su padre estaba empapado de sangre. David estaba paralizado. El vaso se cayó al suelo rompiéndose en pedazos. Parecía estar en shock. No sabía qué hacer. Pronto reaccionó y se acercó lo más rápido que pudo a la cama. Cogió el cuerpo inmóvil de su padre y lo sacudió con todas sus fuerzas, con la esperanza de que despertara.
David cesó de sacudirle. Juan estaba muerto. David dejó caer su cabeza al pecho de Juan y comenzó a llorar.
-Papa… papá… despierta… ¡despierta!- dijo David entre sollozos.
A los pocos instantes se incorporó, se limpió las lágrimas y cogió su teléfono móvil. Marco un número y se puso el teléfono en la oreja. A pesar de haberse limpiado las lágrimas, tenía los ojos llenos de ellas otra vez.


Juan seguía tumbado, pero ahora en una camilla, en el interior de una bolsa negra de plástico para cadáveres.
David observaba desde un segundo plano como dos empleados del servicio funerario cerraban la cremallera de la bolsa y se llevaban el cadáver fuera de la habitación.
A su lado se encontraba un hombre trajeado, de no más de cuarenta años, también del tanatorio, que le hablaba sin conseguir su atención.
-Su padre pagaba un seguro, por lo tanto usted sólo tiene que firmar aquí. Nosotros nos encargaremos del resto.
El hombre trajeado le ofreció un bolígrafo. David lo cogió y firmó los papeles que el hombre le ofrecía.


Dos días más tarde fue el entierro de Juan. David, junto con un grupo de amigos y familiares, todos con aspecto triste, estaban alrededor de un hoyo donde estaba el ataúd del cadáver de Juan. El cura, en un atril de madera en frente del hoyo, recitaba una oración por el difunto.
-Amén.- se pudo oír al unísono cuando el cura terminó la oración.
A continuación todos comenzaron a levantarse de las sillas de madera en las que estaban sentados. Se dirigieron a un pequeña mesa que sostenía rosas blancas. David, el primero en llegar, cogió una y la tiró al interior del hoyo.
-Papá, sólo espero que estés en un lugar mejor.- dijo a modo de despedida.
David se apartó para dejar al resto de los presentes que pudieran despedirse de Juan.


Todo el mundo se había marchado ya. David se encontraba solo, enfrente de la lápida de su padre.
-Papá, te echo de menos…- hizo una pequeña pausa para no comenzar a llorar.- Con respecto a Ana, dice que no ha podido venir. Tiene demasiado trabajo…
David se detuvo. Oyó unas pisadas detrás de él acercándose. Se dio la vuelta para descubrir quién era. En frente suya estaba Lidia, avergonzada por haberle interrumpido.
Lidia era una vieja amiga de David. Se conocieron un día por casualidad en el instituto, en el club de lectura. Lidia no solía ir a las actividades extraescolares que organizaba el instituto, como ninguno de los populares. Pero ese día fue. Al llegar se encontró con todos los empollones. Se sentía bastante incómoda ya que todos la miraban, hasta que conoció a David. David era el “bicho raro” del instituto al que nadie se quería acercar. Pero Lidia se encontró con un chico totalmente normal y supo que los rumores que corrían de él eran mentira, o no del todo ciertos. Desde ese día fueron inseparables.
-Lidia…- David sentía vergüenza de que le pudiera haber oído.- ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-No mucho.
Hubo un silencio incómodo. Lidia sostenía un ramo de flores.
-He comprado un ramo de crisantemos en un puesto que había por allí- señaló un lugar detrás suya sin concretar.- para que los pongas en… ya sabes.- No sabía si “podía” o no decirlo.
-En la tumba.- dijo David en un tono frío y tajante.
David cogió los crisantemos cuando Lidia se los ofreció y los coloco en la tumba de Juan. Se quedó mirando la lápida, ensimismado.
-La acaban de poner.
-Ha quedado muy bien.
Lidia se acercó a David y se puso a su lado. Se lo pensó dos veces antes de decir:
-Mientras veía, no he podido evitar oírte. No era mi intención…-
-¿Qué has oído?- la interrumpió David.
-He notado que estabas molesto con una tal… Ana.-
-No estoy molesto. ¡Ella puede hacer lo que quiera!- David parecía molesto.
Lidia cogió a David del brazo y lo hizo girar suavemente para que le mirase.
-A mí me lo puedes contar.
-No es nadie, ¿vale?
David se dio la vuelta y comenzó a andar alejándose de Lidia, dejándola sola en el cementerio. Lidia lo observó durante un par de instantes y luego volvió a mirar la lápida. Lidia comprendía por lo que estaba pasando. Hace unos años ella pasó por lo mismo.


Lidia conducía mientras David, sentado en el asiento del copiloto, meditaba sobre lo que acababa de ocurrir en el cementerio. Al mismo tiempo, miraba por la ventanilla, observando el paisaje.
-Lo siento.- dijo de pronto David.
-¿Qué?- Lidia no sabía a qué se refería, a pesar de la prontitud del suceso.
-Lo siento. Por mi comportamiento en el cementerio. Tú sólo intentabas ayudarme.- se explicó David.
- No te preocupes. Te comprendo. Estos son momento difíciles.
-Es mi hermana. Ana es mi hermana.- confesó David para no oír las compasiones de Lidia.
Lidia se sorprendió ya que en todos los años que llevaba siendo amiga de David, nunca había sabido que tenía una hermana.


En poco tiempo llegaron a casa de David. David se sentó en el sofá mientras Lidia preparaba algo para picar. Salió de la cocina y fue al salón. Le ofreció un vaso de Coca-Cola a David, quien lo cogió agradeciéndoselo al mismo tiempo. Se sentó a su lado.
-Estas cansado, ¿no?- dijo Lidia mirándole los ojos que ya estaban rojos del cansancio.
David asintió. Luego se incorporó y miró a Lidia a los ojos.
-Lidia, hoy te has portado admirablemente bien conmigo, y no lo voy a olvidar nunca. Hoy has sido como la hermana mayor que hoy no he tenido.
Se abrazaron calurosamente.
-He hecho lo mismo que hubieses hecho tú por mí. O al menos eso espero.- bromeó Lidia.
Los dos rieron. Lidia miró el reloj. El tiempo había pasado volando, y sin que ninguno de los dos se hubiesen dado cuenta, se había hecho de noche.
-David no quisiera cortar este buen rollo que tenemos, pero me gustaría que me contaras algunas cosas sobre Ana.
-Es una historia un poco larga para contar.- En realidad no le apetecía contarla ni hablar de su hermana.
-Cuéntame únicamente por qué se fue.- Ya se notaban los estudios de periodismo que estaba cursando en la universidad.
-La versión corta es que mi hermana se fue a Estados Unidos para trabajar cuando a mi padre le diagnosticaron el cáncer. Todavía no ha vuelto.- explicó David
-¿Cómo es posible que tengas una hermana y yo no me haya enterado en todos estos años?-
-No sé, casualidad, supongo.
Lidia había notado la desgana con la que hablaba David del tema. Volvió a mirar el reloj para consultar la hora.
-Yo me voy a ir. Ya es muy tarde y mañana madrugo que tengo clase.
David se levantó y la acompañó hasta la entrada. Lidia se puso el abrigo y a continuación se despidió de David.
-Si quieres cualquier cosa, cualquier soca- recalcó- sólo tienes que llamarme, da igual la hora.
-Descuida.- tanto él como Lidia sabían que no la iba a llamar y que solo era un teatro para quedar bien.
David abrió la puerta y Lidia se marchó.
-Ten cuidado…
David cerró la puerta. Por fin podía disfrutar de la soledad y del silencio de la casa vacía. Resopló. El timbre sonó. David, convencido de que era Lidia que se había dejado algo, abrió.
-¿Qué te has dejado…?
Al abrir la puerta no se encontró con Lidia. La persona que había era la última que esperaba encontrarse en la puerta de su casa.
-¿Qué haces tú aquí?- dijo David con algo de desprecio, aunque intentó disimularlo.
-Acabo de llegar de viaje. Supuse que me podía quedar aquí.
-Un poco tarde.
-Déjame entrar y te lo explicaré todo.- dijo Ana al mismo tiempo que dejaba en el suelo una bolsa de viaje que debía pesar una barbaridad.

jueves, 21 de enero de 2010

Fecha de Estrenos

Estaba esperando a tener unos cuantos capítulos escritos para empezar a subirlos. Tengo cuatro y he decidido la fecha de estreno:

DOMINGO 24 DE ENERO DE 2010.

¡¡Os espero!!

viernes, 15 de enero de 2010

Argumento

David es un jóven veinteañero que lleva años cuidando de su padre enfermo de cáncer. La noche del 15 de noviembre descubre a su padre muerto en la cama de su habitación, en extrañas circunstancias. Creerá que ha sido un asesinato. No dudará en pedirle ayuda a su amiga Lidia, periodista, la cual desde un principio no se siente muy atraida por la idea del asesinato.

Al mismo tiempo, el Anónimo les influenciará. Les dejará pistas del camino correcto que deberán seguir para delvelar el misterio. Parece querer ayudarles a descubrir el misterio, pero, ¿quién es el Anónimo? ¿Por qué cree, al igual que David, que su padre fue asesinado? Y, ¿por qué les ayuda?