viernes, 12 de febrero de 2010

CAPÍTULO 3 - Nuevos Acontecimientos

Al fin llegó el capítulo 3. Aquí os lo dejo. Espero que os guste y que lo disfruteis. No olvideis comentarlo por favor. Gracias.

CAPÍTULO 3 – Nuevos Acontecimientos


Raquel entró en la comisaria. Sujetaba una carpeta de color azul, tamaño folio, donde llevaba el currículo, un título que certificaba sus estudios y fotocopias de su DNI.
Al entrar pudo divisar una mesa como la de cualquier recepción de oficina en la parte izquierda; mientras que en la parte derecha había un arco que en realidad era un detector de metales por el que debían pasar las personas antes de entrar al interior. Estaba supervisada por un guarda.
Tan sólo había tres personas esperando en el detector. Raquel se puso detrás de la última. Desde allí pudo ver a una mujer alta y morena que bajaba las escaleras. Podía percibir cierto aire de superioridad en su actitud.
La mujer morena se acercó a la mesa de un joven vestido de uniforme que hablaba por teléfono.
-…vale. Gracias.- terminó de decir el policía cuando la mujer posó sus manos en la mesa.
-¿Has conseguido localizar a Rodrigo?-.
-No hay rastro de él por ninguna parte, Mónica.
Raquel, desde la fila, pudo ir la conversación. La mujer alta y morena era Mónica, la persona que buscaba. Decidida, abandonó la fila y se adentró en la comisaría. El guardia que vigilaba el detector de metales se fijó en la intromisión. Se acercó a Raquel y la cogió del brazo.
-¡Eh, usted! ¿Dónde cree que va?- dijo mientras se dirigía a Raquel.
-Tengo que hablar con esa mujer, con Mónica.
-Antes debe pasar por el detector de metales.- dijo sin soltarla l brazo.
-Vale, pero suélteme.- Raquel intentaba soltarse, sin éxito.
El guardia tiró de ella. No quería soltarla hasta que estuviese de nuevo en la fila. Ya se le había colado más de una persona y se había ganado más tarde una reprimenda por el comisario.
-¡Suélteme!- gritó Raquel.
El grito fue más alto de lo que esperaba. Se dio cuenta de ello al ver a todas las personas mirándolos para enterarse de lo que ocurría.
Mónica, desde la mesa del joven policía, observaba la escena también. Se acercó a ellos.
-¿Qué ocurre aquí?
-Esta señorita quería colarse.
-¡Eso es mentira! Yo sólo quería hablar con usted.- dijo mirando a Mónica.
-¿Conmigo? ¿Por qué?
-Solicité el puesto de criminalística. Ayer me llamaron y me dijeron que me pusiera en contacto con usted.
-Está bien. Suéltela.
El guardia soltó el brazo de Raquel. Mónica debía ser una persona muy influyente allí para que el guardia la hubiese obedecido inmediatamente.
La gente dejó de mirar. La escena había acabado, ya no había nada de interés.
El guardia volvió a su puesto, en el detector de metales, desdichando a ambas mujeres.


Lidia acababa de salir de la última clase del día. Salió a la calle. Mientras buscaba su coche en el aparcamiento, buscaba su teléfono móvil en la mochila que llevaba colgada al hombro. Lo consiguió encontrar cuando ya estaba en el coche, y, ya sentada en el asiento del piloto, marcó el número de teléfono de David.


David estaba sentado en frente de la barra de la cafetería de su universidad. Tomaba un café con leche mientras miraba una foto suya con Juan y Ana. La miraba con nostalgia, recordando los buenos tiempos, aquellos en los que Juan no estaba enfermo y él no tenía problemas con su hermana. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido del teléfono móvil. Lo sacó del bolsillo del pantalón y contestó la llamada, no sin mirar antes que era Lidia quien llamaba.
-Dime Lidia.
-Ya he hablado con mis profesores…
-¿Y qué han dicho?
-A eso iba. Aquellos que han investigado algo parecido me han recomendado que empecemos a buscar por sui entorno más cercano. Buscar algo que te resulte extraño que fuese de él.
-Gracias.- dijo David a la vez que colgaba la llamada.
David terminó de un sorbo lo que le quedaba de café. Miró por una vez más la fotografía de su padre con él y Ana y la guardó en el bolsillo. Pagó la cuenta y se marchó.


Raquel y Mónica andaban por un pasillo de la comisaría. Raquel seguía a Mónica. Se fijaba en los carteles de las puertas.
-Supongo que ya la habrán informado de todo lo relacionado con su puesto de trabajo.
-La verdad es que no. La única información que tengo es la que me dieron por teléfono.
-Está bien. Yo la informaré. Usted, como ya sabe, es la nueva criminalística de la comisaría. Se encargará de: hacer las pruebas necesarias de la escena del crimen; también buscará posibles pruebas en difuntos; y lo más importante, mantendrá la boca cerrada sobre cualquier investigación que llevemos a cabo. Tendrá que ser muy discreta.
Mónica se paró en seco. Raquel tuvo también que hacerlo para no chocarse con ella.
-¿Entendido?- dijo Mónica desafiante.
-Entendidísimo.- Raquel no quería sonar burlona, pero no pudo evitarlo.
Siguieron andando por el pasillo.
-Venga después a mi despacho para firmar el contrato.
-De acuerdo.
Mónica volvió a pararse, pero con otro fin que el de intentar asustar a Raquel. Estaba pasmada mirando una puerta.
-¿Por qué nos paramos aquí?- preguntó Raquel.
-Mire.- le contestó Mónica indicándole el cartel de la puerta.
Raquel giró la cabeza y se quedó boquiabierta al verlo. En la puerta había una chapa de color oro colgada, en la cual podía leerse: “SALA CRIMINALÍSTICA: RAQUEL ROMANO”


Lidia terminó de subir las escaleras que daban a la puerta de su apartamento. Sujetaba las llaves en la mano. Introdujo la llave en la cerradura y la giró un par de veces. Entró en el apartamento. Al pisar el felpudo notó algo extraño. Miró hacia el suelo. Había algo blanco bajo su zapato. Levantó el pie y pudo distinguir un sobre que llevaba su nombre escrito. Se agachó para cogerlo. No llevaba remite. Miró a ambos lados del pasillo buscando al autor, pero no encontró nada, sólo oscuridad. Se metió en el apartamento.
Después de haber dejado la mochila y el abrigo en el perchero, se sentó en el sofá con el sobre en las manos. Lo abrió sin dudarlo. En el interior había un papel doblado un par de veces. Lo sacó y lo desdobló.
“El difunto escondía muchos secretos. Debéis encontrar la llave que abre la puerta del misterio.”
Lidia se asustó. Quienquiera que hubiese escrito la nota y hubiese dejado el sobre en el felpudo de su casa sabía que Juan había muerto y hacía referencia a él, pero… ¿de qué misterio hablaba?


Raquel entró en la sala criminalística. Era grandísima y estaba equipada con todo el material que necesitaría, hasta para las cosas más inusuales.
-Este será su lugar de trabajo.- la informó Mónica.
-¿Cuándo empiezo?
-¿Le parece bien ahora?- estaban cortos de personal, así que aprovecho su oferta.
-¿Ahora?- le parecía un poco precipitado, pero tenía unas ganas irresistibles.
-Por desgracias, en esta comisaría nunca sobra el trabajo. Si está dispuesta, puede empezar ahora mismo.
-Vale.
-Bien.- se alegró Mónica de la elección de Raquel.- Ayer trajeron un cadáver. Está en el depósito. Ve allí y saca sus huellas. Está en la cámara 10.
-Vale.
Mónica se acercó a Raquel y la miró fijamente.
-Y hazlo rapidito.- a pesar de agradecer sus ganas de trabajar no podía dejar de ser exigente en su trabajo.
Raquel asintió con la cabeza. Una vez que Mónica se había ido, dio un brinco de alegría, no sin antes volver a comprobar que la sala estaba vacía.


David estaba de pie observando el desastre que había en la habitación de su padre. Había buscado algo raro, y al mismo tiempo había descolocado todo. Se sentía desanimado. Su teoría se iba desvaneciendo poco a poco sin él poder hacer nada.
Ana pasó por delante de la habitación y se paró para observarla.
-¿Qué ha ocurrido aquí?
David la miró. No se había percatado de su presencia.
-Nada. Sólo buscaba algo, pero no he tenido suerte.
Ana se sentó junto a su hermano en la cama.
-¿Quieres perdonarme?
David la miró.
-Quiero que me perdones. Me he dado cuenta que tienes razón. Nunca me perdonaré haber faltado al funeral de papá pero es que el trabajo me dejó tan ciega…
David abrazó a Ana.
-¿Esto significa que me perdonas?
-Creo que sí.- dijo David con una sonrisa en los labios.
Ana miró una foto que había en la mesilla de noche. Era de Juan junto con Verónica, su mujer.
-Me cuesta creer que se haya ido.
-Nos costará algún tiempo asimilarlo, pero no tenemos más remedio.
-Yo voy a estar contigo para superarlo. Juntos.
Los dos sonrieron y volvieron a abrazarse.
En el silencio se pudo escuchar un tic-tac, como el de un reloj. Los dos se extrañaron porque era un ruido metálico, no como el de un reloj convencional.
-¿Qué es eso?
-No lo sé. Pero viene del armario.
David se levantó.
-¿No será una bomba?
-No digas tonterías.
David abrió el armario. Escuchó con atención. El ruido procedía de la parte de abajo del armario. Abrió los cajones uno por uno revolviendo la ropa que contenía. Uno por uno los registró, cada vez más nervioso por no encontrar nada a pesar de estar seguro que procedía de ahí.
-Aquí no hay nada.
-Pero el ruido procede de aquí.- dijo Ana.
Apartó a su hermano y comenzó a buscar ella. Busco en la profundidad. En el último cajón encontró en la superficie una línea casi imperceptible. Comprobó que podía abrirse pero ella no tenía la fuerza suficiente para conseguirlo.
-He encontrado algo.
David acudió allí. Al ver que su hermana no podía la apartó y probó el. Utilizando toda su fuerza consiguió abrirlo. Era un fondo falso. Lo abrió haciendo chirriar las bisagras. Ambos miraron el interior intirgados. David sacó lo que contenía el escondite. Era una caja de metal con un contador. Una marcha atrás comenzó.
-Parece que papá tenía algún secreto que no quería que se desvelará.


Raquel entró en el depósito. Maldijo al forense por no estar allí. Ella creía en el más allá, en los espíritus y todo lo relacionado con el asunto, por lo que le era bastante respetuoso estar en un lugar lleno de cadáveres.
Abrió la cámara 10 y sacó la camilla. El cadáver estaba cubierto con una sábana. Lo destapó. Su cara le resultaba familiar, pero no le dio importancia.
Sacó de la bandolera que llevaba, un tampón y una ficha. La ficha era para dejar allí sus huellas marcadas, tenía un recuadro para cada huella de los dedos. Cogió la mano del cadáver sin poder evitar sentir asco. Mojó sus huellas en la ficha. Sopló el papel para que la tinta se secara más rápido y lo metió de nuevo en la riñonera. Sacó un bastoncillo y lo introdujo en la boca del cadáver. Lo metió un una bolsa de plástico para que no se perdiera el ADN y lo metió de nuevo en la riñonera. Ya había acabado.
El cadáver tenía una nota en el dedo gordo del pie, atada con una fina cuerda. Eran sus datos personales:
NOMBRE: JUAN GARCÍA
EDAD: 55
PESO: 100 kg.
ALTURA: 179cm
Era Juan, el padre de David…

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